Opinión

Published on May 1st, 2016

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Hablemos de sueldos

Es tan entretenido ver que cuando algo es incómodo se vuelve tabú, como dijese Jimmy Carter en 1979 en su discurso titulado “Crisis of Confidence”, hoy en día ya no se admira el arduo trabajo, sino que se idolatra el consumo, la identidad del individuo ya no se define por lo que cada quien hace sino por lo que cada quién posee.

Esa tendencia de apreciar y valorar a otros por sus pertenencias y no por lo que aportan al mundo ha creado una sociedad superficial con una actitud voraz por enriquecerse como sea sin importar los daños colaterales propios o a terceros, los valores morales y éticos, una receta perfecta para la corrupción de cualquiera.

Al mismo tiempo, el hecho de valorar a otros por lo que tienen hace que sea tabú hablar de sueldos, es incómodo, es hasta peligroso porque una vez alguien sabe que ganas bien, te va a pedir prestado o te va a robar, pasa hasta en las mejores familias.

Sin embargo, NO debería ser tabú, cuando empezamos a analizar cuánto gana cada quien, cuanto ganamos nosotros, cuántas horas trabajamos, cuánto ganan los dueños y gerentes, las juntas directivas e inversionistas, empezaremos a despertar y nos daremos cuenta que aquí, en el tercer mundo de Guatemala, llevamos años de no tener una verdadera democracia, sino que hace mucho tiempo que vivimos en una plutocracia.

La revista Esquire publicó un artículo de cómo cuatro hombres con diferentes ingresos hacen para manejar su presupuesto, curiosamente la persona que menos gana tiene un sueldo de Q8,624 al mes trabajando de bartender, según el artículo se considera que vive bajo la línea de pobreza, le sigue un conserje que gana Q34,000 al mes, casi lo mismo que ganan los “conserjes” del congrueso, luego le sigue un agente de bienes raíces con un sueldo de Q160,000 al mes.

Todos hemos escuchado aquí en Guatemala a alguien decir “no vos, esque aquellos sí tienen plata, son gente de dinero” y me parece tan curioso, porque la gente que verdaderamente tiene plata ni vive aquí, aquí la gran mayoría, más del 99.999% de los guatemaltecos, viven por debajo de la línea de pobreza, es un hecho, aparte son los que viven en extrema pobreza, pocos son los que son verdaderamente de plata, la clase media ha sido tan exprimida que no tiene mayor diferencia de las clases que le siguen, cada día hay más pobreza y extrema pobreza.

¿Por qué les traigo el tema a colación? Pues para tener un poco de perspectiva, un carro o una casa no nos hacen ni más ni menos que otros, un celular, una computadora, una camisa o unos zapatos no nos hacen ni más ni menos que otros, aquí estamos todos hacinados en el tercer mundo, divididos por pequeñeces materiales, separados en estratos meramente ficticios, sin ponernos de acuerdo, sin podernos identificar todos como guatemaltecos y unidos poner en orden el país, retomar los valores correctos, valorar el arduo trabajo, repudiar el enriquecimiento ilícito, repudiar la corrupción, ojalá sucediera, porque que si seguimos haciendo tabú nuestra pobreza colectiva, si seguimos segregándonos en grupos sólo por uno que otro bien económico o físico, aquel espejismo de “exclusividad”, aquel título de VIP, mientras sigamos ese camino, seguiremos separados, presas fáciles de los que verdaderamente tienen el poder económico concentrado y para colmo, seguiremos viéndonos ridículos y pretenciosos.





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